12.10.2010 ¦ Estoy enamorado de un juego que ya no se juega (salvo en la Liga Nacional de la MLB), un juego que se jugó a mi preferencia solo hasta que tuve un año de edad, un juego, que desde hace mucho tiempo sé, que es demasiado serio para que lo juegue cualquiera. Mi juego favorito es el beisbol, jugado por nueve peloteros, durante nueve innings, tras un solo motivo, ganar.
Cuando en la primavera de 1973, Ron Blomberg, de los Yankees de Nueva York, tomó su turno en la alineación, se convirtió en el primer bateador designado en la historia de las Grandes Ligas y sin él saberlo, dio la primera estocada al beisbol que creo como verdadero.
Cuatro años más tarde, Lazaro Madam, en un partido de exibición entre CDR y MININT, previo a la Serie Nacional de la temporada 1977-1978, fue el primer bateador designado en el beisbol organizado cubano. Madam, escogido para esta tarea, tuvo una pálida carrera de 9 campañas donde promedió 203 de average con solo 5 jonrones. El mal, había llegado a la isla.
La utilización del bateador designado, tiene una razón primordial, favorecer la ofensiva; no obstante tiene decenas de efectos secundarios.
Mi abuelo y mi padre me enseñaron que el beisbol es el deporte perfecto, donde cada causa tiene consecuencia, donde los pequeños detalles engrandece el juego; pero fundamentalmente me dijeron un secreto, el secreto más antiguo del beisbol: el beisbol solo maneja dos números básicos, el 3 y el 9, pues se juegan 9 entradas, que dividen el partido exactamente en tres tercios y que cuenta, cada una de ellas de tres outs (outs que en ocasiones se definen con tres strikes), el mínimo de bateadores por capitulo es de tres, que a su vez también pueden hacer al menos tres swingnes y que si no son sustituidos, vendrán tres veces a batear por lo menos; en el diamante hay tres bases, donde solo puede haber tres corredores, pero sobre todas las cosas EL BEISBOL ES JUGADO POR NUEVE JUGADORES, uno para cada posición y uno por turno al bate en la alineación.
Mi abuelo y mi padre me engañaron, pues desde que tengo un año de edad en Cuba juegan DECENAS de pelota y no NOVENAS como me dijeron que sería.
El bateador designado es el decimo hombre y vino a este mundo a hacerle la vida fácil a los managers, que ya no tienen que debatirse entre enviar a un emergente a batear por el pitcher o dejar a este último seguir lanzando; que ya no tienen que invertir horas de entrenamiento defensivo en buenos bateadores con un queso suizo por guante, pues tienen dónde ponerlos.
El bateador designado ha mediocrizado la carrera de cientos de peloteros y le ha asegurado a beisbolistas que vieron pasar sus mejores años un par de temporadas más, aunque estos no puedan ni acordonarse los zapatos.
El bateador designado me ha robado el privilegio de ver a los lanzadores a la ofensiva, luchando por ganar su juego, tirándose en las bases, corriendo fuerte para primera y haciendo swing, buscando las cercas.
Beisbol moderno: 1 - Beisbol a la antigua: 0
Nocao beisbolero. Vine a jugar nueve innings y a ti se te ocurre hacerme 10 carreras de más, para mandarme temprano a casa. No es posible. ¿Quién te dió la certeza que no puedo virarle el marcador a tu pitchercito en los dos rounds finales, si a fin de cuentas el juego está 21 por 11?
Desde que Occidentales le marcó 10 carreras en una entrada a Industriales en la Serie Nacional de 1964, más de una treintena de equipos han sobrepasado esa marca y el record cubano lo posee Las Tunas, que frente a Guantánamo, en el 2009, anotó 18 veces en un mismo capítulo. Las posibilidades de remontar 10 carreras son escasas, pero para nada imposibles.
Efecto secundario: de 1987 al 2005 se lanzaron 20 no hits no run en el beisbol cubano, 4 de ellos nocaos en 7 entradas. ¿Realmente esos 6 últimos outs no eran importantes en este tipo de hazaña?
Los hechos hablan por sí solos, el nocao beisbolero no se aplica a mi beisbol. Nuevamente les recuerdo: 9 entradas, no 8, no 7.
Beisbol moderno: 2 - Beisbol a la antigua: 0
Supernocao beisbolero. Más de lo mismo pero en peor grado. Dalier Hinojosa dio un par de juegos perfectos este año en competiciones internacionales. ¿Por qué algo tan grandilocuente para un lanzador ha sido relativamente pasado por alto? Pues porque ninguno de los dos partidos pasó del sexto inning. Bien por Hinojosa, pero en mi beisbol un juego perfecto son 27 bateadores y 27 outs consecutivos.
Beisbol moderno: 3 - Beisbol a la antigua: 0
La regla Schiller. Esto no es la gota que desborda la copa, ni la tapa al pomo. Esto es el anticristo del beisbol. ¿A quién se le ocurre que un equipo puede abrir en un momento crucial a la ofensiva, como los extrainnings, con el orden al bate de su conveniencia? ¿Cómo es posible que un pelotero se haya tomado 5 ponches en un juego, sin llegar más allá del home y que por obra y gracia del señor Schiller, ese mismo pelotero, sea puesto a correr en segunda y anote la carrera definitoria?
En mi beisbol llegar a primera es bien difícil, pero en la versión de Schiller entrada tras entrada (en caso de persistir el empate) dos corredores salen orondos del banco para las almohadillas.
¿Qué tal si el propio Hinojosa está dando un juego perfecto (como debe ser, en nueve capítulos), pero en el noveno el marcador marcha igualado a cero y de pronto en el decimo par de rivales amenazantes se sitúan en primera y segunda?
Estoy seguro que Schiller jamás ha formado parte de un equipo que está propinando un juego perfecto, pues sabría que inclusive, en el banco uno trata de contener el aliento, de no cambiar de posición, con tal que ningún contario llegue a primera. Si Schiller lo hubiera experimentado, no andaría regalando bases gratis.
El primero de mayo de 1920, los Dodgers de Brooklyn y los Bravos de Boston se enredaron en una batalla que duró 26 capítulos y terminó igualada a 1. Más importante aun que ser el juego más largo en la historia de las Grandes Ligas, es el hecho que Leon Cardone (Brooklyn) y Joe Oeschger (Bravos) lanzaron de principio a fin por sus respectivos equipos. En la siguiente jornada Brooklyn jugó 13 entradas frente a los Fillies de Filadelfia, para el día 3 de mayo volver a enredarse (esta vez con derrota de 2 a 1) con los Bravos durante 19 innings, o sea que los Dodgers jugaron 58 capítulos en tres juegos consecutivos (equivalente a 6 partidos y medio). Schiller mediante, nada de esto hubiera podido ser ejecutado. Muchas proezas hubieran quedado sin contarse.
Beisbol moderno: 4 - Beisbol a la antigua: 0
Lamentablemente vuelve a entrelazarse beisbol y economía (como en la época fraudulenta del bate de aluminio, donde de 1976 a 1999 no jugaban peloteros, sino genocidas a la ofensiva y suicidas a la defensa). No protesto por que los juegos de la Serie Nacional sean a las 11 de la mañana (jamás he jugado pelota de noche y siempre me he divertido mucho, así que imagino que los peloteros reales hagan lo mismo); No protesto porque sean 6 juegos a la semana (debe ser duro, pero los fanáticos serían aun más felices si se jugara beisbol todos los días).
Protesto, sin embargo, por que me quieran cambiar mi juego de pelota, porque analistas de beisbol de oficina decidan lo que está bien o mal y sobretodo porque el beisbol, nuestro deporte y orgullo nacional, dependa de ideas de ultramar, que mayoritariamente le quitan su idiosincrasia.
No se puede seguir deteriorando el beisbol, si el Comité Olímpico no quiere el beisbol en la cita estival, que no lo pongan, ellos de todas formas no lo entienden, porque el beisbol no es para aficionados vagos, que se conforman con ver a 8 corredores disputándose el primer puesto en la meta o la idea simple de encestar una canasta; no, el beisbol es el más rico de todos los deportes en estrategia, en variaciones de juego y está diseñado para satisfacer a fanáticos exigentes.
De todas formas mi beisbol ha muerto, intentaré reponerme y aceptar esta versión científica del juego de pelota, mientras que curo mis ansias del pasado remitiéndome a los libros, donde el beisbol parece ser jugado por héroes y dioses, en una época donde 3 y 9 tenían otro significado y llegar a primera (como fuera necesario) era toda una proeza.
Sin mas por ahora,
Daniel de Malas
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